Cine

En algún momento de la historia de la comunicación audiovisual, resalta aquel paródico día de antaño en la vieja Francia, cuando el padre de los hermanos Lumiere, -reconocidos en la mayor parte del mundo como los inventores del cine, por su cinematógrafo -; decía al visionario ilusionista Georges Méliès,-pionero de los efectos visuales para el celuloide y gurú de la ciencia ficción moderna- con la mano en el corazón y la firmeza de la que solo la experiencia puede dotar a un anciano; la legendaria y tan entrañable frase: “El cine es un invento sin futuro”.

A ya más de doscientos años de distancia de la concepción de aquellas memorables palabras, bien pareciera que mi madre intentara parafrasear al orgulloso señor, al decirle a su único hijo durante su adolescencia, con la mano en el corazón y la certeza de la experiencia en la mirada que: “el cine es una carrera sin futuro”.

A partir de aquella curiosidad histórica existen varias especulaciones sobre si este ilustre señor, cuya disciplina y confianza quizás llegase a sobrepasar la de sus hijos, los jóvenes inventores; hubiera dicho esta frase como una verdadera conjetura sobre el futuro del aparato cuyas bondades ya había contemplado, o sí, en realidad, jugaba con el mago Méliès una de sus tan expertas triquiñuelas para no venderle el fabuloso invento del futuro; cuya capacidad para redituar una buena cantidad de francos habría también palpado con sus manos y bolsillos.

Sea cual fuere la causa de su condescendencia, bien es cierto que el venerable hombre lo hacía por ser una persona confiable, ya fuese para con Méliès, o para con sus hijos; y si bien mi madre no trato en momento alguno de mimetizar al legendario profeta errado, no me falta la menor certeza de que en su momento, compartió sus razones.

Pero claro, de nada estaré más orgulloso en mi vida que de usar la experiencia, -aunque no fuese propia-; a mi benéfico, y como Méliès que consiguió su propia cámara, yo me puse a hacer peliculillas; así pues, dejo en la certeza del destino, el que tan miméticas resulten las profecías de mi madre en relación con las del señor Lumiere; y con estos cortometrajes (otra palabra para denominar a las peliculillas); dejo mi voto al cine, el hermoso séptimo arte, que tan buen pasado me ha proporcionado, y al que -eludiendo las palabras de mi madre-; le solicito un igualmente hermoso futuro.    

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